En el centro de la investigación reciente en neurociencia se encuentra la confirmación de dos “facciones” del cerebro humano que operan de manera independiente y a veces, cooperan para dirigir toda la acción humana. A estas dos partes la llamamos el cerebro rápido y el cerebro lento.
El cerebro rápido esta ubicado en el sistema límbico del cerebro, también conocido como el complejo paleo-mamífero, este controla los siguientes tipos de acciones:
- Preconscientes
- Rutinarias
- Reactivas
- Habituales
El cerebro lento se encuentra en la corteza prefrontal, el centro ejecutivo del cerebro, este controla los siguientes tipos de acciones:
- Conscientes
- Analíticas
- Razonadas
- Reflexivas
- Intencionales
“El análisis y la toma de decisiones consumen energía y el cerebro aprovecha la oportunidad de conservar energía valiosa por defecto mediante las acciones reactivas y reflexivas basadas en el habito”
¿Quién esta a cargo del espectáculo?
Es importante preguntarse, como comandante, ¿Qué organización le gustaría desarrollar?, ¿una basada en acciones automáticas, reactivas y habituales, ¿o una basada en acciones conscientes, analíticas y bien razonadas?
La investigación ha demostrado que el cerebro lento no es el que esta a cargo la mayor parte del tiempo, aproximadamente un 45% a un 50% de las acciones que se realizan a lo largo del día (en especial las rutinas repetitivas) son controladas y ejecutadas por el cerebro rápido, esto se debe a que el análisis y la toma de decisiones consumen energía, y el cerebro aprovecha la oportunidad de conservar energía mediante acciones reactivas y reflexivas basadas en el habito y la experiencia.
Es por eso que el cerebro lento se debe activar intencionalmente para estimular la cognición consciente, el estado cerebral que permite el análisis, la identificación precisa de problemas, el razonamiento, la planificación y la toma de decisiones.
Los peligros de operar con un cerebro rápido
Para entender como operar con un cerebro rápido abre brechas en la seguridad operacional, es de suma importancia plantear la siguiente interrogativa, ¿Qué significa realmente operar con un cerebro rápido en términos de confiabilidad operativa y seguridad operacional?
El cerebro rápido reacciona sin pensar, es decir, al llevar a cabo tareas rutinarias, se tiende a confiar mas en el habito y la memoria muscular para llevar a cabo dichas tareas, esto a su vez, abre la oportunidad a que se presenten omisiones de pasos, tareas incompletas, una dependencia peligrosa a experiencias pasadas y, si el contexto es adecuado, puede inducir el sesgo de continuación.
Asimismo, el cerebro rápido funciona en “modo esquema”. Debido a que el objetivo del cerebro rápido es procesar información visual y enviar comentarios lo más rápido posible, este emplea un “esquema” rápido y generalizado de la situación basada en color, forma y movimiento y una respuesta subsiguiente basada en el habito, la experiencia y la memoria limitada, el riesgo recae en que estas percepciones visuales generales, no detectan cambios importantes en la situación operacional, incluidas señales débiles que, haciendo uso de un pensamiento más analítico, podrían estimular acciones preventivas.
Continuando, el cerebro rápido simplemente funciona demasiado rápido, en contraste al cerebro lento, el cual tarda aproximadamente 0.5 segundos en activarse, en comparación, el cerebro rápido procesa señales visuales y reacciona en 0.4 segundos, iniciando respuestas o acciones antes de que el cerebro lento haya tenido la oportunidad de ejecutar una respuesta analítica a la situación presentada.
“La verdadera confiabilidad del desempeño EXIGE la cognición consciente que solo el cerebro lento puede proporcionar”
La fatiga y sus efectos en el rendimiento cerebral
No es novedad el hecho de que la fatiga disminuye el rendimiento cerebral en todos los ámbitos, no obstante, es importante conocer como es que la fatiga tiene un impacto en nuestro desempeño mental.
El ataque y la degradación de los mecanismos neuronales del cerebro, la privación del sueño y su condición resultante de fatiga cognitiva (cerebral) han demostrado un deterioro dramático en:
-Atención a los detalles
-Impulso e inhibición del riesgo (mayor toma de riesgos, actitud peligrosa)
-Recuperación precisa de la memoria
-Análisis de la memoria
-Pensamiento conceptual
-Toma de decisiones
-Planificación anticipada
Considerando que solo se necesita un episodio de 24 horas de perdida de sueño profundo para producir una fatiga cognitiva moderada a grave, es importante entender que el hecho de disminuir nuestra capacidad analítica mediante la fatiga, hace mas difícil la activación del cerebro lento, dando mas autoridad en decisiones al cerebro rápido.
En conclusión, es de suma importancia conocer el funcionamiento de nuestro cerebro respecto a la toma de decisiones y el análisis situacional que se lleva a cabo en cada operación que desempeñemos como pilotos, si bien no se puede cambiar la forma en que nuestro cerebro opera, si podemos remediar la situación generando hábitos productivos y rutinas seguras que nos permitan desarrollar experiencia consciente de donde estamos operando y donde se operara en un futuro, es nuestra responsabilidad como pilotos desarrollar profesionalismo con el fin de garantizar una operación eficiente y segura de manera cotidiana.
“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito”
Aristóteles.
Aporte piloto Carlos Díaz
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