Antes de aprender a volar un avión, debes aprender a gobernarte a ti mismo.
Un piloto puede aprender procedimientos, memorizar sistemas, dominar las comunicaciones y realizar una excelente maniobra de vuelo. Pero ninguna de esas competencias garantiza, por sí sola, que estará preparado para enfrentar los momentos verdaderamente difíciles de la profesión.
Porque llegará el día en que la meteorología no será el esperado, el avión no responderá exactamente como imaginabas, aparecerá presión operacional, cometerás un error o tendrás que tomar una decisión incómoda.
Y será precisamente ahí donde aparecerá el verdadero piloto.
No será la cantidad de horas de vuelo la que hablará por ti.
Será tu disciplina.
Será tu criterio.
Será tu capacidad para mantener la calma.
Será tu humildad para reconocer que no sabes.
Será tu capacidad para escuchar, preguntar y aceptar una corrección.
Será tu valentía para decir “NO” cuando continuar ya no sea seguro.
Y será tu carácter para hacer lo correcto, aunque nadie esté mirando.
Recuerda esto:
Un piloto profesional no es aquel que nunca comete errores. Es aquel que reconoce sus errores, aprende de ellos y construye sistemas personales para no repetirlos.
La Línea Aérea no necesita pilotos que quieran demostrar que son infalibles.
Necesita pilotos confiables, entrenables, disciplinados y capaces de trabajar con otros.
Por eso, mientras te preparas para tu futuro profesional, no te preguntes solamente: ¿Estoy preparado para aprobar una entrevista?
Pregúntate algo mucho más profundo: ¿Estoy preparado para que otros depositen su confianza en mí?
Porque algún día, detrás de una puerta de cabina, habrá pasajeros, tripulantes, familias y una organización que confiarán en tus decisiones.
Ese día no estarás simplemente volando un avión.
Estarás ejerciendo una profesión que exige carácter.
En ALTOVUELO
El futuro se prepara. El presente se vuela y la seguridad comienza primero en la persona.
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