martes, 14 de julio de 2026

MISTERIOSA MUERTE DE UN INSTRUCTOR DE VUELO ...


 

Con la información disponible hasta ahora, pueden distinguirse claramente tres niveles de los hechos:

  1. Los hechos conocidos: el instructor Leandro Bertazzo se quitó el cinturón, abrió la puerta del Cessna 150 y se arrojó al vacío durante un vuelo de instrucción. Su alumna logró mantener el control de la aeronave y luego aterrizar con éxito. La Justicia Federal argentina abrió una investigación para determinar las circunstancias del hecho.
  2. Los antecedentes conocidos: posteriormente, familiares señalaron que el instructor atravesaba un momento personal difícil y que se encontraba bajo tratamiento psiquiátrico. Asimismo, la escuela de vuelo indicó que sus exámenes psicofísicos estaban vigentes y que quienes trabajaban con él no habían percibido señales evidentes que anticiparan un desenlace de este tipo.
  3. Lo que aún no puede afirmarse: mientras la investigación oficial no concluya, no puede establecerse con certeza una relación causal entre un eventual trastorno de salud mental y la decisión del instructor. Esa determinación corresponde a las autoridades investigadoras y, en su caso, al análisis médico-forense.

Desde la perspectiva de la Seguridad Operacional

Este caso tiene una enorme relevancia porque vuelve a poner sobre la mesa un tema que la aviación viene estudiando desde hace años: el bienestar psicológico y el rendimiento humano son componentes fundamentales de la Seguridad Operacional.

La industria aeronáutica ha comprendido que un piloto puede:

  • estar técnicamente muy bien preparado;
  • tener sus habilitaciones y exámenes médicos vigentes;
  • demostrar un desempeño profesional adecuado;

y, aun así, atravesar una situación personal o psicológica que afecte significativamente su capacidad para desempeñarse con seguridad. Por esa razón, muchas autoridades y operadores han fortalecido programas de apoyo, reporte y seguimiento del bienestar de las tripulaciones.

1 comentario:

  1. Como piloto comercial, siempre me ha parecido que la salud mental sigue siendo un tema muy hostil dentro de nuestra profesión. Muchos sabemos —o al menos creemos— que reportar un problema de este tipo implica automáticamente dejar de volar, con todo lo que eso significa para nuestra carrera y nuestro sustento.

    En tragedias como la reciente o la de Germanwings, este conflicto vuelve a quedar en evidencia. Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor del 14% de la población mundial padece algún trastorno de salud mental. No creo que, entre los pilotos, ese porcentaje sea muy diferente.

    Entiendo perfectamente ambas posturas. Por un lado, el temor de los pilotos a informar síntomas y quedarse sin trabajo. Por el otro, la responsabilidad de las aerolíneas y de las autoridades de proteger la seguridad operacional.

    Lo que me parece realmente importante es abrir una discusión sobre cómo encontrar un equilibrio: aumentar la seguridad operacional sin que eso desincentive a los pilotos a pedir ayuda. Deberíamos construir un sistema que les brinde respaldo y confianza para reportar los síntomas a tiempo, antes de que una situación pueda agravarse.

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