Hay días difíciles que también nos enseñan quién vuela a nuestro lado.
Cuando todo marcha muy bien, muchas personas quieren acompañarnos. Pero, cuando ocurre una evaluación adversa, una postulación fallida que no prospera o una etapa de incertidumbre revela quién permanece, quién escucha y quién nos ayuda a recuperar el rumbo.
Entonces reconocemos a la familia que sostiene, al amigo que dice la verdad, a la pareja que acompaña sin exigir certezas y a quienes compartieron solo un tramo del viaje.
No hace falta guardar resentimiento hacia quienes siguieron otro camino. También fueron parte de nuestra historia. Lo importante es agradecer a quienes estuvieron presentes cuando más los necesitábamos y aprender a estar presentes para ellos.
En la vida, como en la cabina, el valor de un compañero se conoce especialmente cuando llega la turbulencia.
Es ahí cuando se conoce verdaderamente a las personas.
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