La disciplina pesa por algunas horas, días o meses. El arrepentimiento puede acompañarte toda la vida.
Estudiar cuando otros descansan.
Practicar cuando otros postergan.
Prepararse cuando todavía no existe una convocatoria abierta.
Aceptar correcciones cuando resultan incómodas.
Persistir cuando los resultados aún no aparecen.
Todo eso exige disciplina.
Y sí, la disciplina tiene un costo.
A veces significa sacrificar comodidad, tiempo libre o gratificaciones inmediatas.
Pero ese esfuerzo es temporal.
Lo que suele ser mucho más difícil de cargar es la sensación de mirar hacia atrás y preguntarse:"¿Qué habría pasado si hubiese dado un poco más de mí?"
Muchos pilotos lamentan no haber estudiado más inglés cuando tuvieron la oportunidad.
Otros lamentan no haber postulado antes.
Algunos lamentan haber abandonado su preparación demasiado pronto.
Y otros descubren, con el paso de los años, que aquello que parecía difícil en su momento era mucho más liviano que el peso de la oportunidad perdida.
Por eso, cuando el objetivo es importante, no permitas que las decisiones del presente comprometan las posibilidades del futuro.
Si aspiras a una Línea Aérea, comprende que cada hora de estudio, cada briefing, cada simulación, cada corrección y cada esfuerzo realizado hoy son inversiones en el profesional que deseas llegar a ser mañana.
La disciplina no siempre entrega recompensas inmediatas.
Pero construye algo mucho más valioso: La tranquilidad de saber que hiciste todo lo que estaba a tu alcance.
Y esa tranquilidad no tiene precio.
Porque al final, los pilotos que alcanzan sus metas rara vez son los que tuvieron más suerte.
Son aquellos que fueron capaces de mantener la disciplina el tiempo suficiente para que sus sueños alcanzaran la pista de despegue.
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